7 Marzo 2009

Watchmen, la película

Llegó el día 6 y con él, el estreno de la versión cinematográfica de Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, novela gráfica en 12 entregas considerada como la obra maestra del género, ganadora de un premio Hugo y único cómic incluido en la lista de Time de las 100 mejores novelas de todos los tiempos. Como admirador que soy, tengo que compartir mi entusiasmo por el evento con vosotros, amantes de los buenos guiones y los grandes recursos del arte secuencial.

watchmen-poster

Póster promocional

La película es un buen trabajo de adaptación del director Zack Snyder, detallista y respetuoso con la obra original. Las casi tres horas de duración no se hacen largas y buena parte de los hitos importantes del cómic aparecen, con las necesarias y comprensibles modificaciones que supone el cambio de medio narrativo. Casi todos los diálogos están tomados directamente del texto, sin apenas modificaciones, de forma que cada frase memorable tiene su aparición en algún momento. El aspecto visual está muy logrado, no tan oscuro como el cómic, pero sí con todos los detalles de ese mundo alternativo que el dibujante Dave Gibbons supo aportar a las descripciones kilométricas y la minuciosidad de Moore. Y una mención especial a los títulos de crédito, una secuencia brillante que desde el comienzo nos sumerge en el pasado de los justicieros de ese mundo alternativo mientras de fondo, Bob Dylan canta The Times They Are A-Changin’.

Pero ¿ha conseguido Snyder su objetivo? La respuesta sería: depende de qué se hubiera propuesto.

Me explico: no es casualidad que la obra de Alan Moore haya pasado por las manos de tantos directores candidatos y tantos otros guionistas para intentar dar con una puesta en escena que pudiera transmitir aunque sólo fuera una pequeña parte de todo lo que el mini-universo de Watchmen contiene. En éste, Alan Moore y Dave Gibbons reinventaron el lenguaje convencional de los cómics añadiendo varias capas de meta-lenguaje, como autorreferencias y metáforas visuales, yuxtaposición de hilos argumentales en la misma viñeta, paralelismo narrativo, juegos de simetría… hasta tal punto que la historia, aunque buena, era sólo un soporte sobre el que desplegar todo este arsenal de recursos que – y esto es lo principal – tenían sentido únicamente en el mismo medio en que fueron creados. Al plantear una conversión del lenguaje escrito y dibujado al lenguaje cinematográfico, todos estos factores se “perderían en la traducción” y serían sustituídos por recursos del lenguaje visual, ya conocidos y nada innovadores.

Traduttore, traditore

Puede que Zack Snyder quisiera reproducir con la mayor fidelidad posible el universo de Watchmen, pues todo indica que decidió intentar el mismo enfoque que ya usó en 300: la transcripción literal del mundo impreso al mundo cinemático. Si es así, tengo que decir que lo ha conseguido. Las escenas han sido rodadas siguiendo exactamente los encuadres y ángulos de las viñetas en las que se basan, utilizando el propio cómic como storyboard y garantizando el aspecto visual más cercano posible al de la novela gráfica. La experiencia de ver cobrar vida a los personajes que uno conoce tan bien, de oir sus nuevas voces recitando su parte del guión y ver en acción los momentos memorables del cómic es muy gratificante, al menos para quien lo conozca. En ese sentido la película se disfruta y no decepciona.

Sally Jupiter pin-up

Sally Jupiter pin-up, el negocio del 'glamour' en el mundo Watchmen

Ahora bien, en el caso de que Snyder quisiera crear su propia visión del mito y hacer una película que fuera para el resto de películas de superhéroes lo que Watchmen fue para el resto de cómics… se ha quedado muy corto. Su fidelidad a la estructura del original es  también su mayor lastre y encorseta la narración. Por ejemplo, en su afán por emular al cómic, Snyder decide ofrecer al espectador la información sobre el pasado de los personajes mediante flashbacks que se producen en los mismos momentos que en la novela gráfica. Esto plantea dos problemas: el primero, que la historia tiene demasiados flashbacks y abusar de esta técnica en momentos inesperados no siempre funciona en el cine, donde el ritmo lo es todo. El segundo, que no todos los flashbacks aportan información que haga avanzar la trama, sino que a veces sólo dan datos sobre el pasado de un personaje, lo que en cómic no supone un problema pero en el cine hay que dosificarlos pues detienen el desarrollo de la acción, y una vez más, rompen el ritmo.

Dame un nombre

¡Dame un nombre!

Quizá sea debido a la reducción del metraje original, de casi 4 horas, o quizá a que Snyder se ha perdido en los detalles (donde, como todos sabemos, está el Diablo), pero a veces se producen saltos bruscos de la narración, se echan de menos planos introductorios, o de repente se produce un hecho importante o se revela un dato crítico sin preparación previa del espectador, lo que produce cierta confusión. El ritmo sube y baja, y cuando ocurre lo que debería ser el desenlace y clímax de la historia (lo que posiblemente no es el despliegue de efectos especiales azules sino el momento en que alguien exclama “¡lo conseguí!” en el cómic), la forma de contarlo hace que el espectador no sea del todo consciente de esa sensación de “resolución” de los buenos guiones. Ojalá que en la versión extendida se solucionen estos problemas y la historia fluya con menos brusquedad.

Como conclusión, la película es buena. Quizá parezca algo confusa a quien no conozca la historia, pero tiene calidad y momentos impactantes y mantiene el interés hasta el final. La recreación del universo de Watchmen es minuciosa y tiene gran cantidad de detalles que los fans disfrutarán. Y no, no creo que los cambios en el guión sean imperdonables; como ya he explicado, ceñirse al texto no siempre es la mejor decisión. (¿El chiste de Pagliacci? ¿La contraseña del hombre más listo del mundo?).


Quizá en otro artículo me dé por enumerar las frases míticas que se pronuncian, o los pequeños detalles que se han incluído. En éste, voy a poner una autorreferencia del cómic que no he visto comentada antes en ninguna parte, uno más de tantos guiños que Watchmen tiene desperdigados.

Se trata de la máscara de Rorschach, que está formada por “un fluído viscoso entre dos capas de látex sensible al calor y la presión” y que siempre muestra un dibujo cambiante que nunca se repite.

¿Nunca?

Armageddon

Número 1, página 24

Bromeas, seguro

Número 12, página 20

Una metáfora visual sobre la inamovilidad de los principios de Rorschach.

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Publicado en Artículos, Cine, Cómics el Sábado 7 de Marzo de 2009 a las 0:20 | 1 Comentario

29 Enero 2009

Dilema del prisionero en tiempo real

Hoy se vio en televisión un buen ejemplo sobre la aplicación del dilema del prisionero en la vida real, en la línea de mi artículo sobre la aplicación del dilema del prisionero a los atascos de tráfico. Es un dilema del prisionero… literalmente.

Aunque en este caso no es el dilema del prisionero tradicional sino una variante llamada “la batalla de los sexos” que se resumiría de esta manera: una pareja quiere quedar para ver un espectáculo; ella preferiría ir al teatro y él preferiría ir al cine; sin embargo, no pueden comunicarse en el momento de tomar la decisión y deben decidirlo por separado. Lo mejor para ambos es coincidir, aunque uno de los dos deberá ceder en sus gustos. Lo peor es no coincidir, aunque vayan al espectáculo que querían. Y lo mucho peor es no coincidir habiendo ido cada uno a ver el espectáculo que gustaba al otro.

Simplificando, estos dos simpáticos fugados podrían ser la pareja del ejemplo.

  • Opciones posibles: colaborar (no oponer resistencia al otro) o competir (arrastrar al otro).
  • Casos:
  • - A compite y B colabora: escapan por la iniciativa de A.
    - A colabora y B compite: escapan por la iniciativa de B.
    - Ambos compiten: no escapan y tienen uno al otro para culparse.
    - Ambos colaboran: no escapan y quedan como dos imbéciles.

Colabora Compite
Colabora 0,0 2,3
Compite 3,2 0,0

Este es un buen ejemplo de cómo en la vida real a veces se elige la peor estrategia posible.

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Publicado en Artículos, Humor el Jueves 29 de Enero de 2009 a las 15:49 | Comments Off

10 Noviembre 2008

¿De qué me suena? Williams, Prokofiev y las tres naranjas

Si hay algún compositor moderno que destaca por sus marchas, ese es John Williams; y si hay una marcha de John Williams que puede considerarse como la más representativa de su producción y prácticamente un icono de las bandas sonoras contemporáneas, esa es la Marcha Imperial. Su calidad como marcha militar es espectacular, transmitiendo la sensación de un poder implacable y despiadado, que recuerda el avance imparable de engranajes de guerra.

Darth Vader y las tres naranjas

Naranjas traigo

Al mismo tiempo es el leitmotiv del prototipo de personaje malvado por excelencia, Darth Vader, al que se ajusta como un guante (negro) hasta tal punto que ya no podemos separar a uno del otro. Aunque en este caso hay que decir que la banda sonora no intervino en la fama del personaje, ya que Darth Vader ya era un icono antes de que nadie hubiese oído nunca este tema, que apareció por primera vez en la segunda película de la (entonces) trilogía, El Imperio Contraataca.

La maestría de Williams en la creación de marchas triunfales queda manifiesta por obras tan características como la propia marcha final de Star Wars, el tema principal de Supermán, la marcha de 1941 o el tema principal de En busca del Arca Perdida, por citar algunas. Por ello, el parecido razonable de hoy no es más que una simple anécdota que puede reseñarse en calidad de homenaje o influencia reconocida de un maestro hacia otro.

El amor de las tres naranjas

Ya he hablado en otros artículos de Sergéi Prokófiev y su influencia en tantos compositores actuales, de los que he puesto como ejemplo a los oscarizados Hans Zimmer y Darío Marianelli. En esta ocasión es la Marcha Imperial de John Williams la que recuerda mucho en su estructura a la pieza titulada “Marcha” de la ópera El amor de las tres naranjas, de Prokofiev. Se trata de una ópera en 4 actos compuesta en 1919 y estrenada en 1921, de la que precisamente la parte más conocida es dicha marcha. No hay una similitud directa de la melodía, pero sí una idea recurrente en la forma en que se expone y se repite la frase principal en cada una, que hace recordar esta marcha al escuchar el tema del Imperio.

Incluyo el comienzo de la Marcha Imperial tal y como sonaba en la banda sonora original de “El Imperio Contraataca”

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Imperial March

The love for three oranges

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The love for three oranges


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Publicado en Artículos, Música el Lunes 10 de Noviembre de 2008 a las 17:12 | 4 Comentarios

6 Octubre 2008

Entre la extrañeza y el encanto

Con la puesta en marcha el 10 de septiembre de 2008 del más conocido acelerador de partículas del mundo – el ya famoso Gran Colisionador de Hadrones, en el CERN (LHC para los amigos) -, se produjo un fenómeno no menos interesante de observar: de repente, toda la complejidad y el misterio de las investigaciones más avanzadas de la física se colaron en el día a día de la gente.

La semana previa al acontecimiento, una marea de jerga científica inundó las portadas de periódicos y revistas; el quark dejó de ser una referencia esotérica, o un software de edición, o una comedia espacial, y volvió a ocupar su puesto como partícula fundamental. Nuevas expresiones, entre sugerentes y evocadoras, se escucharon en telediarios y tertulias y se escurrieron sílaba a sílaba por el vocabulario coloquial. ¿Qué es un hadrón? ¿Por qué hacerlo colisionar y contra qué? ¿Quién es Higgs? ¿Por qué tiene un bosón? ¿Podría destruirse la Tierra en el proceso? ¿Se formará un agujero negro? ¿Moriremos todos?… Y así, durante unos días, pudimos contemplar funcionando en la práctica la famosa frase de Arthur C. Clarke, “toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia“.

Logo de Google, 10 septiembre 2008

Logo de Google, 10 de septiembre de 2008

Especialmente divertido fue el mini-concurso que propuso en Twitter Enjuto Mojamuto, el personaje de Muchachada Nui: “Se me ha ocurrido un concurso… Qué frase dirían los científicos del CERN si aparece el agujero negro y se empieza a comer la tierra…“. (Las respuestas fueron muy divertidas, recuerdo especialmente ésta: ¿Alguien tiene un tapón negro? )

Pero la referencia que más me ha gustado, sin duda, ha sido la sutil viñeta que dedicó al evento el webcomic xkcd:

Turn-on

(Versión en castellano)

¿Por qué me parece tan genial? Será más fácil de entender si se conocen los nombres que los científicos han dado a los seis tipos conocidos de quarks, las partículas que junto con los leptones, constituyen toda la materia.

Quarks

Los seis "sabores" de quark (Fuente: Wikipedia)


De nuevo la fantasía se mezcló con la ciencia a la hora de buscar un nombre para partículas tan peculiares. La propia palabra quark no tiene sentido y procede de una cita de la novela Finnegan’s Wake, de James Joyce. A medida que se descubrían las diferentes variedades de quarks, los investigadores fueron dándoles nombres que no se confundieran con otras magnitudes existentes, y así surgieron los quarks up y down, el quark strange (“extraño”), llamado así por el anormal tiempo de vida de la partícula que lo contenía, y el quark charm (“encantado”), llamado así… por capricho. Cuando se descubrieron los dos últimos alguien los quiso llamar truth y beauty , pero parece que el cupo de nombres cursis ya estaba completo; se quedaron como top y bottom.

Vistos sus nombres, ya comprenderéis que la tira de xkcd es un compendio de juegos de palabras, desde el título (“Turn-on”, que significa “puesta en marcha” pero también “motivar” y “excitar sexualmente”), hasta la viñeta final, en la que aparecen los nombres de todos los tipos de quark. Buen guiño. (Y por cierto, la versión en castellano supo captar absolutamente todos los detalles y los tradujo de forma impecable. El título mantiene el juego de palabras y la última viñeta consigue incluir todas las palabras arriba, abajo, encantador, extraño, cima y fondo. Vaya aquí mi aplauso al traductor).

Epílogo

Una semana después el LHC dejó de ser noticia (en el ámbito popular) y el mundo no se terminó. Las modas pasan.

Pero siempre hay quien se adelanta a las modas, y por tercera vez consecutiva voy a mencionar al autor Alan Moore, quien en el año 1986 (¡22 años atrás!) ya hizo referencia a estos conceptos en el cómic Watchmen. En esta viñeta hay una frase escrita dentro de una vitrina, en el bar de un centro de investigación de física subatómica.

At play amidst strangeness and charm

"At play amidst the Strangeness and Charm"

“Jugando entre la extrañeza y el encanto” – es una buena forma de describir la sensación ante los fenómenos de la física cuántica. ¿No os parece?

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Publicado en Artículos, Reflexiones el Lunes 6 de Octubre de 2008 a las 12:08 | Comments Off

22 Julio 2008

Watchmen

Watchmen, obra cumbre del autor inglés Alan Moore, es el cómic más complejo y fascinante que he leído nunca.

Tenía 18 años cuando cayó en mis manos. Ediciones Zinco había comenzado a publicarlo en España con el mismo formato que en Estados Unidos, sólo que con 2 años de diferencia. Constaba de 12 números con una periodicidad mensual, de 30 páginas, de las cuales las dos o tres últimas consistían en un apéndice en blanco y negro que complementaba la historia principal con datos referentes al mismo episodio.

Hasta ese momento todo mi conocimiento del mundo de los cómics (o tebeos, o mangas; arte secuencial, en resumen) se reducía a colecciones de Mortadelo y Filemón, Superlópez, Astérix, Tintín y números sueltos de la Patrulla X y los Cuatro Fantásticos. Por recomendación de un amigo comencé a leerlo y a partir de entonces todas mis ideas previas sobre el tema cambiaron para siempre.

Dentro de una estructura tan simple como 3 x 3 viñetas rectangulares por página, se abría un universo de asociaciones visuales y verbales, donde la historia que se nos contaba coexistía con otras historias, a veces en viñetas alternas, a veces superpuestas, a veces dentro de la misma viñeta en forma de elementos visuales recurrentes. Unas veces la misma escena se revisitaba desde vidas o momentos distintos, otras veces múltiples personajes experimentaban la misma situación con distintos elementos. Juegos de palabras sin palabras. Y siempre la trama principal avanzando número a número como una fuga que en momentos avanzaba a gran velocidad, con acción y sorpresas, y en otros se recreaba en detalles minúsculos, donde podían transcurrir varias páginas sin nada más que un cambio de actitud o un momento de reflexión. El trasfondo reflejaba una sociedad en la que los enmascarados habían sido declarados ilegales (detalle que fue usado por Brad Bird en Los Increíbles) y el mundo se encontraba inmerso en un momento de pesimismo en plena guerra fría a punto de convertirse en confrontamiento nuclear. Todo ello quedaba unido en Watchmen como un mecanismo de relojería de gran precisión.

Parecía un cómic de superhéroes. No lo era; hablaba de personas normales enfrentadas a hechos extraordinarios. Pero cambió la forma en que los cómics de superhéroes serían entendidos en adelante.

Todo esto lo tuve que vivir en una espera interminable de un mes entre número y número. Ahora lo publican en un solo tomo y lo llaman “novela gráfica”, y no siempre conservan la portada y contraportada, que formaban un todo con el resto de páginas, integradas con la primera y última viñeta de cada número.

Existen infinidad de artículos sobre Watchmen que estudian en profundidad su estructura, sus textos y subtextos, sus paralelismos, su lenguaje no verbal y sus mensajes subliminales, para todos aquellos que quieren profundizar sobre el lenguaje propio del cómic como medio artístico y sobre la riqueza argumental y expresiva que puede llegar a contener. Para todo el que aún viva en el estereotipo de que el cómic es un arte menor dedicado a niños o “frikis”, le recomiendo que lea “Entender el cómic“, de Scott McCloud - el mejor ensayo sobre este arte que he leído nunca. Y también que lea a Alan Moore, claro.

Alan Moore y el cine

Durante años he visto cómo varias obras maestras de Alan Moore caían hacia la gran pantalla, no siempre con acierto, porque Moore escribe arte para el lenguaje del cómic y por eso no se puede traspasar al cine sin perder casi toda su esencia. Cayó From Hell, discretita, y V de Vendetta (su primer intento de serie regular, que siete años más tarde acabaría siendo una serie de 10 números), una película decente aunque sin la fuerza del cómic. Cayó La Liga de los Hombres Extraordinarios, ridícula adaptación que nunca hizo justicia a la frescura e inteligencia del original. En la resistencia siguen estando su etapa en La Cosa del Pantano (con la saga American Gothic, obra maestra del terror gótico) y Miracleman (demasiado introspectiva, demasiado intelectual). Quizá en breve alguien caiga en la cuenta de que Top Ten haría una buena película de acción a lo Men in Black (y Smax the Barbarian un spin-off humorístico con bastantes posibilidades), o tome ideas de Supreme o Tom Strong para revisitar el mito del superhéroe a su manera. En cuanto a Lost Girls, daría para varios artículos por sí sola y sería idónea como serie de animación… para una asignatura de educación sexual. ¿Quién se atrevería?

Y por fin le llegó el turno a Watchmen.

Desde 1988 y tras varios años de intentos fallidos, reescrituras de guión, entrada y salida de directores, finalmente fue Zack Snyder, director de 300, quien se llevó el gato al agua; la maestría que demostró en llevar la novela gráfica de Frank Miller a la pantalla tuvo bastante que ver con la decisión. Sin embargo, hay un abismo entre la estructura de 300 – lineal, apenas un flashback y una trama secundaria añadida para el cine – y la de Watchmen. El mismo director Terry Gilliam rechazó el proyecto ante el enorme presupuesto que supondría trasladar todo el contenido a una película y lo definió como un proyecto “imposible de filmar” en dos horas sin perder la esencia de la historia. Alan Moore, incombustible, declaró al ser preguntado sobre cómo lo filmaría él: “Tuve que decir, francamente, que no creía que pudiera filmarse. No lo diseñé para demostrar las similitudes entre el cine y los cómics, que están ahí, pero en mi opinión son bastante intrascendentes. Lo diseñé para resaltar las cosas que se podían hacer en un cómic, pero no en el cine ni en la literatura.”.

Watchmen, el primer trailer

Desde el punto de vista poco objetivo de un fan acérrimo – yo mismo -, el trailer no me ha decepcionado; al contrario, he encontrado el aspecto visual tremendamente acorde con el espíritu del cómic y una asombrosa obsesión por el detalle (incluyendo el buen hallazgo del travelling por el mecanismo de relojería, otro de sus temas recurrentes). Por otra parte, casi todas las escenas pertenecen a los flashbacks que en el cómic aportan información sobre el pasado de los personajes, y no a la trama que mueve la historia en el presente (situado en el año 1985), lo que preocupa un poco por no dar información sobre el ritmo real de la película. Parece más un guiño y fuegos artificiales que otra cosa. El trailer está centrado sobre todo en el único personaje sobrehumano de la historia, el azulado Doctor Manhattan, con breves apariciones del resto de personajes. Debo alabar el montaje y la elección de una canción de Smashing Pumpkins cuyo texto se hace coincidir con las imágenes elegidas en cada momento, al más puro “estilo Watchmen”. Snyder ha conseguido la atención que buscaba, ahora sólo queda esperar y cruzar los dedos.

Por cierto… “Smashing Pumpkins” es exactamente lo que ocurre en la última página del número 8… ¿un guiño más? Pues ahí va otro: el título de la versión de la canción en el trailer es “The Beginning is the End is the Beginning”… y ¿acaso no hay un personaje que termina diciendo en el último número “nada termina nunca”? ;)

Finalmente, mi alma de admirador de Watchmen me pide que haga un…

Desglose de escenas del trailer (ligeros spoilers)

El accidente de Jon Osterman. En su mano izquierda sostiene un reloj. En el momento en que se le ve de frente a través del cristal se aprecian incluso los reflejos de una mujer que niega con la cabeza (debería ser Janey Slater) y un hombre.

“La luz se me lleva en pedazos”

La nave de Búho Nocturno, Archie, emerge de la bahía de Nueva York, detalle de la boya incluído

El comediante encuentra su destino, con el imprescindible detalle de la chapa de Smiley brillando en su solapa

Un recurso que Moore usó por primera vez en V de Vendetta: la matriz de televisores. Delante, Adrian Veidt con su atuendo de reminiscencias egipcias.

“14 de noviembre: un esqueleto parcialmente cubierto de músculos (…) grita durante 30 segundos antes de desaparecer”

Rorschach en acción.

Posiblemente la escena en que Laurie baja al sótano de Dan, que en el cómic es ligeramente distinta. “El escote hasta el ombligo”, fetichismo encubierto y jugar a bomberos.

El Dr. Manhattan y las mujeres.

Escenas del magnífico número 2 de la colección, durante el entierro de Blake.

“Fui para comprender el Vietnam (…) y descubrí que pocos humanos se permiten esa comprensión. Blake es diferente. Lo entiende a la perfección… pero no le importa.”

“Insolaciones en noviembre.”

“Es muy bonita. Después de cada beso deposita uno más pequeño, más suave, sobre mis labios… como su firma.”

Rorschach visita a su “amigo” Moloch. Hurm…

Página central del clásico y simétrico número 5: Veidt se defiende, traje morado incluído.

Para Zack Snyder, esta es una de las escenas clave (algo discutible). De nuevo la guerra de Vietnam en el año 1971 alternativo.

Disturbios anti-vigilantes. Al igual que en el cómic, Búho Nocturno se sienta a la izquierda mientras el Comediante está subido a la ventana derecha.

” Todos los políticos y las prostitutas mirarán arriba y gritarán: ‘¡Sálvanos!’ Y yo miraré abajo y dire: ‘No’ “.

Jon y Laurie se van de excursión.

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Publicado en Artículos, Cine, Cómics el Martes 22 de Julio de 2008 a las 0:26 | 3 Comentarios

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