4 Julio 2007

Una mascota para Cuarto Milenio

Llevaba tiempo pensando de qué manera hacer justicia a la gran labor divulgativa del programa Cuarto Milenio. Un programa tan agudo, tan certero, tan lleno de temporadas, cada una de las cuales con su colección de libro-dvd con los mejores casos, superventas ellos… y esos reportajes serios y documentados (como el del astronauta Iván Istochnikov)… ¡Algo había que hacer por Iker Jiménez!

Estaba en éstas cuando, en plena contemplación de la máquina de refrescos de mi oficina, tuve una revelación: camuflado entre las burbujas, apareció claramente ante mí un rostro humano.

PareidoliaPortada de la máquina de refrescos poseída


Detalle de la aparición misteriosa: Pareidolín

Llegué a sacar una foto del espectro antes de que se esfumase ante mis ojos. Lo peor de todo es que, aún no repuesto del susto, bajé a la calle para tomar aire y cuando pasé frente a la máquina de refrescos del bar de la esquina, ¡allí estaba la misma cara! Y si un avistamiento puede ser fruto del azar, dos ya no son casualidad.

Por supuesto, todo podría deberse a un fenómeno conocido como pareidolia, que consiste en que el cerebro humano interpreta estímulos aleatorios (por ejemplo, manchas, burbujas, motas de polvo) como imágenes reconocibles. Pero si todas las apariciones de caras, vírgenes y otros entes paranormales se debieran a una razón tan mundana, ¿cómo llegaría Iker Jiménez a fin de mes?

Así que propongo a esta aparición (a la que bautizo como Pareidolín) como mascota de la casta pseudo-científica y símbolo de la necesidad de creer en cualquier cosa aunque solo sea por la honorable causa de liberar a los crédulos de su dinero.

¡ Ni un magufo sin su Pareidolín !

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Publicado en Humor, Pseudociencias y Supercherías el Miércoles 4 de Julio de 2007 a las 9:29 | 6 Comentarios

6 Junio 2006

¡ La Bestia entre nosotros !

Aprovechando el día señalado en que nos encontramos (06-06-06) voy a descubrir un hecho insólito: el capitalismo está controlado por el Número de la Bestia. No, no estoy loco ni me he vuelto magufo de repente. ¡Esto es periodismo de investigación! ¡La cosa es seria!

Voy al grano. Como todos sabéis, los artículos de consumo suelen llevar un código de barras que los identifica. Existen varios estándares de representación, pero el más extendido es el denominado U.P.C. (Universal Product Code), Versión A. Este es un cuadro resumido de la codificación:

Como se puede ver, el único número cuya representación consta de dos barras verticales separadas por un espacio del mismo grosor es el número 6. Pero resulta que en todo código de barras, la información que contiene se encuentra delimitada por un grupo de separadores que aparece tres veces: al comienzo, en medio, y al final. Y ¿diríais que puede ser casualidad que el separador resulte tener exactamente la misma representación que el número 6? ¡Yo lo dudo!

De esta manera, con cada producto que pasa por el lector láser en el supermercado, hacemos que la temida cifra 666 sea leída una y otra vez, camuflada entre los inocentes dígitos de nuestra compra. Sí, habéis oído bien, queridos lectores… vosotros mismos, al volcaros en el consumismo, estáis invocando a la Bestia y acelerando su llegada… ¡Pero en vuestras manos está evitarlo! Contened vuestras tarjetas de crédito, evitad la tentación de comprar ese arroz con leche infernal, esa compresa demoníaca, esos boquerones satánicos en vinagre… entre todos lo conseguiremos.

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Publicado en Pseudociencias y Supercherías el Martes 6 de Junio de 2006 a las 6:06 | 2 Comentarios

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