6 Junio 2006

¡ La Bestia entre nosotros !

Aprovechando el día señalado en que nos encontramos (06-06-06) voy a descubrir un hecho insólito: el capitalismo está controlado por el Número de la Bestia. No, no estoy loco ni me he vuelto magufo de repente. ¡Esto es periodismo de investigación! ¡La cosa es seria!

Voy al grano. Como todos sabéis, los artículos de consumo suelen llevar un código de barras que los identifica. Existen varios estándares de representación, pero el más extendido es el denominado U.P.C. (Universal Product Code), Versión A. Este es un cuadro resumido de la codificación:

Como se puede ver, el único número cuya representación consta de dos barras verticales separadas por un espacio del mismo grosor es el número 6. Pero resulta que en todo código de barras, la información que contiene se encuentra delimitada por un grupo de separadores que aparece tres veces: al comienzo, en medio, y al final. Y ¿diríais que puede ser casualidad que el separador resulte tener exactamente la misma representación que el número 6? ¡Yo lo dudo!

De esta manera, con cada producto que pasa por el lector láser en el supermercado, hacemos que la temida cifra 666 sea leída una y otra vez, camuflada entre los inocentes dígitos de nuestra compra. Sí, habéis oído bien, queridos lectores… vosotros mismos, al volcaros en el consumismo, estáis invocando a la Bestia y acelerando su llegada… ¡Pero en vuestras manos está evitarlo! Contened vuestras tarjetas de crédito, evitad la tentación de comprar ese arroz con leche infernal, esa compresa demoníaca, esos boquerones satánicos en vinagre… entre todos lo conseguiremos.

Tags: ,
Publicado en Pseudociencias y Supercherías el Martes 6 de Junio de 2006 a las 6:06 | 2 Comentarios

22 Diciembre 2005

Haciendo el BIEN

Recupero aquí una foto tomada en junio de 2005 en la iglesia de Calatañazor. Leyendo el emotivo mensaje, casi se puede escuchar de fondo a los jóvenes catequistas tocando la guitarra y cantando “Yo tengo un amigo que me ama”.

Esto es una forma de publicidad bastante lograda. Si no marcas la casilla de la Iglesia vas a IMPEDIR que haga el bien, y tú no querrías cargar con ese peso, ¿verdad?

Hay que reconocer que dos mil años son muchos años, dejando aparte que dos mil, con letra, impone mucho más que un mísero 2.000, o 2.005 en este caso. ¿Y por qué no dos mil cinco años haciendo el bien, que parece más exacto? Que a más de uno, por un detallito así le han tirado en una entrevista de trabajo.

Como último detalle aparece de fondo la foto de una bonita espadaña románica en un día soleado, que evoca ese sabor añejo de pueblo noble, con su aroma de piedra y humo, ese sonido de pájaros a lo lejos, las campanas repicando, y las guitarras de esos catequistas que todavía, sí, todavía, siguen con el repertorio. Acertada la elección de un edificio para representar a la Iglesia; acertada pero engañosa, pues la Iglesia la forman las personas. Sería más justo sustituir la fachada por algo más representativo, como un capellán con gafas que nos tiende el impreso de la declaración; pero no tendría el mismo efecto. Y dado que la publicidad religiosa tiene la gran desventaja respecto a otros productos de no poder emplear la figura femenina para vender más, la fachada queda como una buena elección. Cuántos ingresos extra conseguirían si quisieran usar una imagen de María Magdalena en traje de faena (con permiso de Dan Brown).

Tags: , ,
Publicado en Pseudociencias y Supercherías, Publicidad el Jueves 22 de Diciembre de 2005 a las 8:44 | 3 Comentarios

  • Archivos