Aquí hay un ejemplo de dos canciones que encajan perfectamente una dentro de la otra.
Durante las últimas semanas he estado escuchando anunciada en la tele una canción de Nena Daconte, “Tenía tanto que darte”, una y otra vez. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que cada vez que la oía tenía otra canción rondándome la cabeza aunque llevaba un tiempo sin oírla. Era “Don’t Get Me Wrong” de The Pretenders.
Tenía tanto que darte
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Don’t Get Me Wrong
Resulta que los acordes de las dos canciones son prácticamente iguales y eso permite hacer una mezcla como ésta. Ajustando la velocidad de ambas, decelerando la primera y acelerando la segunda, he unido las dos en una sola versión, como divertimento musical. Solamente hay un elemento que queda fuera de lugar, la percusión. La batería en ambas versiones es muy distinta y sería ideal eliminar la parte rítmica de “Don’t Get Me Wrong” y dejar sólo la voz. Eliminar la voz y dejar la música es sencillo con los filtros de voz pero a la inversa no he encontrado la forma. Quizá alguien sepa si es posible hacerlo.
En la última entrega mencioné la obra Lieutenant Kijé de Sergei Prokofiev, de la que había una referencia en Gladiator; casualmente, esta obra es la primera composición que Prokofiev realizaba para el cine, allá por 1933.
Sergei Prokofiev (1891-1953) fue uno de los compositores más destacados e innovadores del siglo XX. Con un talento excepcional (escribió su primera composición a los 5 años), compuso obras que abarcaron todo tipo de géneros, especialmente sinfonías, óperas, conciertos, ballets y música para el cine. De esta última destaca la banda sonora de la película Alexander Nevsky, la primera película sonora del director Sergei Eisenstein, de quien Prokofiev declaró que “su respeto por la música era tan grande que a veces estaba dispuesto a cortar o añadir material a sus escenas con tal de no alterar el equilibrio de un pasaje musical”. Corría el año 1938, apenas diez años después de la aparición del cine sonoro, pero ya entonces algunos directores intuían que la música podía tener un papel tan importante como la imagen.
Prokofiev fue un adelantado a su época y su influencia es notoria en la música actual. Varios compositores contemporáneos lo mencionan entre sus fuentes de inspiración, entre los que destacaría al gran Danny Elfman como creador de ese estilo propio tan característico que se podría denominar de “cuento de hadas” y que tanto recuerda en algunos momentos a la música de Prokofiev. Su música también se ha utilizado en publicidad, como por ejemplo, en el galardonado anuncio de la colonia Egoiste de Chanel, donde se oye la primera pieza de la suite Romeo y Julieta; sin olvidar el homenaje que el cantante Sting rindió a Prokofiev utilizando su “Romance” de Lieutenant Kijé como base para la canción Russians (1985), comprometida reflexión sobre la guerra fría. El tema principal se escucha a partir del minuto 1:28 y la melodía está estructurada sobre variaciones de dicho tema.
Para este post he seleccionado una banda sonora de un compositor cuyo nombre ya es habitual en el panorama actual: Darío Marianelli. Desde 1994 hasta 2005, este autor italiano ha ido alternando sus trabajos discretamente entre el cine y la televisión, pero fue a partir de su partitura para The Brothers Grimm (El secreto de los hermanos Grimm) cuando su nombre comenzó a sonar fuerte, consiguiendo el mismo año la nominación a mejor banda sonora original por Orgullo y Prejuicio.
Fue al ver The Brothers Grimm en el cine cuando advertí varias similitudes con la música de Prokofiev. La banda sonora de The Brothers Grimm tiene una gran calidad en conjunto y aunque en ciertos momentos peca de grandilocuente y en otros es algo repetitiva, promete bastantes satisfacciones para los seguidores de este compositor en el futuro. En el tema principal que abre la película (Dickensian Beginnings) se puede apreciar el espíritu del tema “Montescos y Capuletos” de Romeo y Julieta, el mismo tema del anuncio de Egoiste.