He encontrado una foto relacionada con la navidad que tengo que publicar, como buen pastafari. Y no sólo la foto, el blog entero merece añadirse a mi lista de recomendados desde hoy mismo.
" Y quién no... "
Este blog, que he descubierto a través de esta otra entrada, se dedica a recopilar chistes sobre el concepto de Dios y la religión. Dejo aquí otra genial referencia indirecta para pastafaris y en general para cualquier enemigo del movimiento del diseño inteligente:
Siguen las apariciones en máquinas expendedoras. Después del post en el que avisé de un primer avistamiento, finalmente se me ha aparecido la Virgen en persona. ¡Pareidolín ya no estará solo!
Foto de José Antonio Acosta
Expendedor de velas en el Santuario de la Virgen de la Cabeza
Llevaba tiempo pensando de qué manera hacer justicia a la gran labor divulgativa del programa Cuarto Milenio. Un programa tan agudo, tan certero, tan lleno de temporadas, cada una de las cuales con su colección de libro-dvd con los mejores casos, superventas ellos… y esos reportajes serios y documentados (como el del astronauta Iván Istochnikov)… ¡Algo había que hacer por Iker Jiménez!
Estaba en éstas cuando, en plena contemplación de la máquina de refrescos de mi oficina, tuve una revelación: camuflado entre las burbujas, apareció claramente ante mí un rostro humano.
Llegué a sacar una foto del espectro antes de que se esfumase ante mis ojos. Lo peor de todo es que, aún no repuesto del susto, bajé a la calle para tomar aire y cuando pasé frente a la máquina de refrescos del bar de la esquina, ¡allí estaba la misma cara! Y si un avistamiento puede ser fruto del azar, dos ya no son casualidad.
Por supuesto, todo podría deberse a un fenómeno conocido como pareidolia, que consiste en que el cerebro humano interpreta estímulos aleatorios (por ejemplo, manchas, burbujas, motas de polvo) como imágenes reconocibles. Pero si todas las apariciones de caras, vírgenes y otros entes paranormales se debieran a una razón tan mundana, ¿cómo llegaría Iker Jiménez a fin de mes?
Así que propongo a esta aparición (a la que bautizo como Pareidolín) como mascota de la casta pseudo-científica y símbolo de la necesidad de creer en cualquier cosa aunque solo sea por la honorable causa de liberar a los crédulos de su dinero.
Por cortesía de Alex hoy traigo un ejemplo de cómo se debe colocar correctamente un CD-ROM para evitar que la matrícula salga en la foto del radar. Dado que la técnica se basa en una leyenda urbana (aunque el dueño de este coche no parece haberse enterado), se podría considerar como una variedad de SPAM sobre ruedas.
Creo que el dueño de este Mini no conoce aún la existencia de PhotoBlocker, el spray que “hace tu coche invisible a las cámaras de tráfico”. Este vídeo debería despejar todas las dudas:
- ¿Cómo sabe que funciona? - He visto cómo se disparaban las cámaras detrás de mí y después nunca he recibido una multa, así que… “no news is good news”
Yo con semejantes pruebas ya tengo bastante. Voy a pedir un frasco. ¡Mosquis!
Aprovechando el día señalado en que nos encontramos (06-06-06) voy a descubrir un hecho insólito: el capitalismo está controlado por el Número de la Bestia. No, no estoy loco ni me he vuelto magufo de repente. ¡Esto es periodismo de investigación! ¡La cosa es seria!
Voy al grano. Como todos sabéis, los artículos de consumo suelen llevar un código de barras que los identifica. Existen varios estándares de representación, pero el más extendido es el denominado U.P.C. (Universal Product Code), Versión A. Este es un cuadro resumido de la codificación:
Como se puede ver, el único número cuya representación consta de dos barras verticales separadas por un espacio del mismo grosor es el número 6. Pero resulta que en todo código de barras, la información que contiene se encuentra delimitada por un grupo de separadores que aparece tres veces: al comienzo, en medio, y al final. Y ¿diríais que puede ser casualidad que el separador resulte tener exactamente la misma representación que el número 6? ¡Yo lo dudo!
De esta manera, con cada producto que pasa por el lector láser en el supermercado, hacemos que la temida cifra 666 sea leída una y otra vez, camuflada entre los inocentes dígitos de nuestra compra. Sí, habéis oído bien, queridos lectores… vosotros mismos, al volcaros en el consumismo, estáis invocando a la Bestia y acelerando su llegada… ¡Pero en vuestras manos está evitarlo! Contened vuestras tarjetas de crédito, evitad la tentación de comprar ese arroz con leche infernal, esa compresa demoníaca, esos boquerones satánicos en vinagre… entre todos lo conseguiremos.
Recupero aquí una foto tomada en junio de 2005 en la iglesia de Calatañazor. Leyendo el emotivo mensaje, casi se puede escuchar de fondo a los jóvenes catequistas tocando la guitarra y cantando “Yo tengo un amigo que me ama”.
Esto es una forma de publicidad bastante lograda. Si no marcas la casilla de la Iglesia vas a IMPEDIR que haga el bien, y tú no querrías cargar con ese peso, ¿verdad?
Hay que reconocer que dos mil años son muchos años, dejando aparte que dos mil, con letra, impone mucho más que un mísero 2.000, o 2.005 en este caso. ¿Y por qué no dos mil cinco años haciendo el bien, que parece más exacto? Que a más de uno, por un detallito así le han tirado en una entrevista de trabajo.
Como último detalle aparece de fondo la foto de una bonita espadaña románica en un día soleado, que evoca ese sabor añejo de pueblo noble, con su aroma de piedra y humo, ese sonido de pájaros a lo lejos, las campanas repicando, y las guitarras de esos catequistas que todavía, sí, todavía, siguen con el repertorio. Acertada la elección de un edificio para representar a la Iglesia; acertada pero engañosa, pues la Iglesia la forman las personas. Sería más justo sustituir la fachada por algo más representativo, como un capellán con gafas que nos tiende el impreso de la declaración; pero no tendría el mismo efecto. Y dado que la publicidad religiosa tiene la gran desventaja respecto a otros productos de no poder emplear la figura femenina para vender más, la fachada queda como una buena elección. Cuántos ingresos extra conseguirían si quisieran usar una imagen de María Magdalena en traje de faena (con permiso de Dan Brown).